En búsqueda de la excelencia

En estos día la revista británica TIMES, en su suplemento especial de educación superior, hizo de conocimiento público la nueva versión de su mundialmente reconocido ranking de las mejores universidades del mundo. Las universidades del planeta y sus correspondientes líderes están siempre muy pendientes a este tipo de informes. Los gobiernos también se incluyen en el grupo de interesados en sus resultados. La razón es obvia. La opinión pública hace uso de éstas clasificaciones académicas para mostrar la calidad de las universidades en los respectivos países. El común de la gente piensa que si ninguna universidad de su país aparece en un ranking de mejores universidades es porque el sistema de educación superior anda mal.

A pesar de las críticas y alabanzas hechas a estos diferentes tipos de medición, la realidad es que la mayoría de estos rankings analizan un tipo específico de universidades: las de investigación. Es decir, que sus indicadores miden el nivel de producción científica de las universidades y que tan visibles son los resultados de la misma. Por tanto, los otros tipos de instituciones de educación superior no pueden “rankiar” mejor porque, aún siendo buenas, no poseen los recursos ni los investigadores que pueden darle mayor visibilidad a sus investigaciones.

La realidad es que los sistemas universitarios son complejos. Desde siempre han existido diferentes tipos de instituciones de educación superior. Hay universidades para docencia, instituciones técnicas superiores, instituciones tecnológicas y entre ellas una gran tipología de privadas, públicas, estatales y confesionales. Esto vuelve aún más compleja la tarea de identificar y medir cuando una universidad está haciendo su labor con calidad.

Lo cierto es que existen universidades dominicanas que están en búsqueda de la excelencia sobre la base de los rankings. Conozco algunos planes estratégicos que tiene acciones específicas destinadas a mejorar la visibilidad de la universidad en la producción científica global. Por ejemplo, la PUCMM, INTEC y UNIBE han comunicado recientemente sus logros en este sentido. Estos son esfuerzos que debemos felicitar y apoyar. Sabemos que le gobierno está en la disponibilidad de apoyar este tipo de esfuerzos a través de su fondo de fomento a la investigación y desarrollo. Lo cierto, y concluyo, es que no podemos tener universidades de excelencia si no mejoramos nuestra investigación, desarrollo e innovación. Ha llegado el momento de la excelencia de clase mundial de la universidad dominicana.

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